Diario de Copas

Cómo catar vino en casa sin ser experta después de varios intentos

Cómo catar vino en casa sin ser experta: cuaderno y copa de vino sobre la mesada un domingo

Golpeo la cubetera tres veces contra el borde de la pileta antes de que suelte un solo cubito. Así arranca este domingo en el departamento de Pocitos, con el cuaderno todavía abierto en la página de ayer y una botella de Tannat que dejé a medio terminar sobre la mesada. Anoté "sabe a violeta, nada más" y ahí quedó. Llevo casi dos años tratando de catar vino en casa sin que suene a copiado de una etiqueta, y lo que más me sirvió no fue ningún curso: fue cambiar la copa elegante por el vaso de todos los días y prestarle atención de verdad a lo que hay adentro.

Antes de seguir, un apunte: en este diario a veces aparecen enlaces a cursos de Hotmart. Si te anotás en alguno a través de ellos, la plataforma me da una comisión — en algunos casos del 72%, como en el curso de autor que menciono más abajo. No te cuesta ni un peso extra, ni acá ni en Buenos Aires, y solo me llega si terminás la inscripción. Son cursos que compré yo misma. Y como siempre aclaro: no soy sommelier ni médica, así que cualquier duda de salud sobre el alcohol mejor charlarla con alguien que sepa de verdad.

¿Por qué cada vino me sabía igual?

Cuaderno de notas de cata de vino y botella de 750ml sobre la mesada de la cocina

Pasé años tomando los mismos tres tintos de supermercado en Palermo. Cuando me mudé a Montevideo el ritual del sábado se convirtió en la forma de llenar el silencio del domingo. Pero el problema no cambiaba con la geografía: abría una botella, me servía un par de dedos como había visto hacer en algún video, y me quedaba mirando el vaso sin saber qué decir. Todavía confundo un Pinot Noir con un Tempranillo si la forma de la botella es parecida — eso no se me arregló solo con práctica, y ya dejé de esperar que se arregle solo.

Once de la mañana de un domingo y todavía siento el frío bajo la palma cuando apoyo la mano sobre la mesada para escribir. Es de las pocas cosas físicas que anoto: el resto son palabras que trato de que no suenen prestadas.

Tengo una amiga que jamás se suma a esto. Prefiere guardarse el sábado para el grupo de lectura mensual de la Librería Escaramuza y me dice, medio en broma, que mi cuaderno es "la otra reunión literaria". No le falta razón.

El vaso de todos los días, mi herramienta de cata

Copa de cristal y vaso de vidrio común usados para catar vino en casa

Ahí es donde me puse rebelde. Todo el mundo insiste con la copa de cristal finito, la que parece que se rompe si la mirás fijo. Yo aprendí más rápido con el vaso de vidrio grueso de todos los días, el mismo del agua. En ese vaso no hay dónde esconder un vino con algún problema: si está un poco ácido de más, o si tiene ese olor raro de cuando algo salió mal en la botella, ahí salta enseguida. El cristal fino disimula. El vaso común no perdona nada, y por eso enseña más rápido.

La medida que uso es chica — un par de dedos, no más — porque lo que importa no es la cantidad, es prestarle atención. Ahí conviene ser honesta con algo que no depende de mi paladar: cuánto cuenta como "una copa estándar" cambia según el país donde estés. La Organización Panamericana de la Salud recomienda que cada país defina su propia medida, así que si tenés dudas sobre qué es tomar poco, esa pregunta se la hacés a un profesional de la salud, no a un cuaderno de sábados como este.

Ya escribí sobre la primera vez que dejé de esquivar una cepa uruguaya para entenderla en serio en mi primer sábado de Tannat. Los domingos que el clima ayuda, camino hasta Parque Rodó y vuelvo con una botella nueva de la vinería que queda de paso — ese paseo se volvió parte del ritual, casi tanto como el cuaderno.

Un curso de coctelería terminó enseñándome a catar vino

Libro de recetas de coctelería y botella de vino en la cocina de un departamento

Antes de encontrar lo que me sirvió, probé lo que no. Seguí durante meses el perfil de un bartender profesional que solo publicaba tragos con destilados de importación que no se consiguen en ningún lado de Montevideo. Miraba los videos, anotaba los nombres, y no aprendía nada que pudiera usar un sábado cualquiera acá. Eso no funcionó.

Lo que sí funcionó no vino de un curso de vinos, sino de aburrirme y comprar el Curso Coctelería de Autor Online. Al principio pensé que no tenía nada que ver con lo mío. Pero el módulo donde enseñan a equilibrar dulce, amargo y ácido me cambió la forma de probar cualquier cosa, vino incluido. Dejé de buscar "frutos del bosque" en la copa y empecé a fijarme si la acidez me hacía salivar o si el amargor se quedaba pegado al fondo de la lengua. Ese curso tiene una calificación de 4.9 y entiendo por qué: no te dan una receta y ya, te explican el motivo detrás.

Para armar tu propio rincón para esto conviene mirar primero los utensilios básicos, antes de gastar en algo que capaz no usás nunca.

Cinco semanas para entender mi propio cuaderno

Mano cerrando el cuaderno de notas de vino junto a un mate, diario de bebidas del domingo

No todo lo que anoto es un acierto. Hace unas semanas abrí una botella que me habían recomendado como si fuera lo mejor del año y terminé escribiendo que sabía a jugo de uva con alcohol de más. La anoté así, sin suavizarla, porque mentirle al cuaderno es mentirme a mí misma y al amigo de Madrid al que le mando el audio los domingos.

Llevo cinco semanas anotando algo más que "lindo" o "feo" en cada botella. Hace poco volví a una página de tres semanas atrás: solo el nombre de un vermut, sin ningún comentario al lado. Esa vez no hizo falta escribir más — el nombre solo alcanzaba para explicar por qué esa botella no iba a volver a esta mesada. Ahí quedó claro algo que sirve para cualquier botella nueva: cuando podés resumir un vino en pocas palabras y esas palabras te alcanzan de verdad, es porque ya sabés lo que estás buscando. Antes necesitaba un párrafo entero para no decir nada real.

Para quien sienta que le falta una base antes de improvisar, capaz sirve aprender recetas clásicas primero. A mí me dio la estructura que me faltaba para entender por qué algunos sabores combinan y otros no combinan ni forzados.

Cierro el cuaderno. Afuera pasa el primer auto de la mañana. La botella de esta noche sigue sin abrir, parada al lado de la heladera, esperando su turno.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.

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