Diario de Copas

Los mejores vermuts uruguayos para tomar el domingo al mediodía

Los mejores vermuts uruguayos para tomar el domingo al mediodía

La cubetera no quiere soltar el hielo. Le pego contra el borde de la mesada y el ruido seco rebota en el patio interno del edificio. Son las once y media. El sol de junio entra de costado por la ventana de Pocitos y el silencio del domingo es casi total.

Es el momento justo. Antes de que el hambre se vuelva una urgencia y después de que el primer café ya cumplió su función. Un apunte rápido antes de seguir: en este cuaderno digital vas a ver enlaces a cursos de Hotmart. Si terminás anotándote en uno, yo recibo una comisión pequeña. A vos no te cuesta ni un peso extra, pero a mí me ayuda a mantener el stock de botellas. Solo recomiendo lo que pasó por mi tarjeta y por este mostrador. Obviamente, no soy médica ni experta en salud; si tenés dudas sobre el alcohol o tu bienestar, consultá con un profesional. Yo solo anoto lo que tomo.

Desde que me mudé a Montevideo en 2023, mi paladar cambió. En Buenos Aires era el Malbec de góndola y el Fernet con cola de siempre. Pero acá, los sábados de noche y los domingos al mediodía me encontraron con el vermut artesanal. Es otra cosa. Es llenar el silencio de vivir sola en un departamento de dos ambientes con algo que tenga un poco más de historia que una etiqueta de supermercado.

La identidad del Tannat en el vaso

Lo primero que entendí es que el vermut uruguayo juega en otra liga por la base. Casi todos los que valen la pena acá usan Tannat. Eso les da un cuerpo que el vermut blanco italiano ni sueña. La graduación suele andar entre el 15% y 18%, lo suficiente para despertarte el hambre sin que el lunes de UX writer se sienta como una montaña imposible.

Vienen en botellas de 750 ml que duran un montón si las guardás bien. El tema es qué hacer con eso. Al principio yo era de las que le tiraba una rodaja de limón a todo. Un sacrilegio. Aprendí, después de muchas pruebas en este cuaderno, que los mejores vermuts de autor uruguayos se defienden solos. Si la botella es buena, probalo puro. A lo sumo un hielo, pero nada de ahogarlo en soda.

Botella de vermut uruguayo artesanal de 750ml sobre mesada de madera rústica.

El día que casi arruino la cocina

A mediados de marzo intenté armar mi propio garnish. Quería algo profesional, como los que veía en los bares de la calle 21 de Setiembre. Agarré una naranja, le saqué un pedazo de cáscara y traté de quemar los aceites sobre el vaso. El aroma a cáscara de naranja quemada quedó flotando en la cocina dos días. La pollera se me manchó con una gota de vermut rojo y la cuchilla, que ya estaba mellada por un tomate rebelde, casi me lleva un dedo.

Esa frustración de que el trago me saliera demasiado amargo o demasiado plano me hizo darme cuenta de que necesitaba orden. No podés inventar si no entendés el equilibrio. Por eso me anoté en el Curso Coctelería de Autor Online. Fue el que más me marcó. El módulo sobre cómo equilibrar el dulce con el amargo me cambió la forma de ver hasta los vinos que compro para las cenas con mis tres clientes freelance.

Todavía dudo si estoy gastando demasiado en bitters importados para alguien que solo escribe para un cuaderno tapa dura. Pero ver cómo una receta propia empieza a tener sentido compensa cualquier duda. Si estás recién arrancando y querés algo más básico, el Curso Coctelería Clásica Online es más sólido para entender los pilares antes de lanzarte a jugar con botánicas locales.

Menos es más: el ritual del domingo

Hace un par de fines de semana, con una mañana nublada de esas que te piden quedarte en pijama, saqué una botella que tenía guardada desde noviembre. La serví a temperatura ambiente. Sin naranja, sin aceituna, sin circo. Ahí es donde sentís el trabajo de los botánicos. Uruguay está sacando etiquetas que no necesitan muletas.

Si te interesa este camino, te recomiendo leer sobre los utensilios básicos de coctelería para un departamento. No necesitás una barra profesional, pero una buena medida te salva de errarle tres veces seguidas al mismo trago. Yo aprendí a catar en casa sin ser experta a base de errores y de anotar todo en el cuaderno antes de que se enfríe el café.

Mano escribiendo en cuaderno de tapa dura junto a un vaso de vermut rojo.

El vermut del domingo es el puente. Entre el descanso del sábado y el lunes de entregas para Buenos Aires. Es ese momento donde el mostrador de madera se vuelve mi lugar favorito del mundo. No busco la nota de cata perfecta. Busco que el trago me cuente qué pasó esa semana.

El agua del mate ya está por hervir. El hielo que no quería salir terminó derritiéndose un poco en el vaso. Mañana vuelvo a los textos de UX, a los wireframes y a las reuniones por Zoom. Pero ahora, con el cuaderno abierto y la botella de 750 ml sobre la mesa, el domingo todavía es mío.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.

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