Diario de Copas

Ventajas de un master en coctelería y mixología para entusiastas

Ventajas de un master en coctelería y mixología para entusiastas

El primer café del domingo siempre se me enfría. Lo dejo sobre la mesada de madera, al lado del cuaderno de tapas duras, y me quedo mirando el anillo de condensación que dejó el vaso de anoche. Hay algo en el silencio de Pocitos a esta hora, con el sol apenas asomando por el patio interno, que me obliga a repasar lo que anoté. Hace un año mis notas eran 'un chorro de esto, un poco de aquello'. Hoy, después de meterme en un laberinto de módulos y videos, las páginas se ven distintas.

Un apunte administrativo antes de seguir: en este cuaderno digital vas a encontrar enlaces a cursos de Hotmart. Si terminás anotándote en algo a través de ellos, la plataforma me da una comisión modesta. A vos no te sale ni un peso uruguayo más, el precio es el mismo, pero a mí me ayuda a pagar las botellas de los sábados. Solo hablo de lo que yo misma compré y probé en este mostrador. Si algo suena muy bien, chequeá igual la sección de errores al final, porque nada es perfecto en esta cocina.

No soy sommelier. No atiendo una barra en la calle 21 de Setiembre ni tengo planes de hacerlo. Soy UX writer, trabajo para clientes que no saben qué forma tiene un jigger. Pero hace unos seis meses, un domingo gris de mayo, me di cuenta de que mi curiosidad le estaba ganando a mi pulso. Estaba cansada de que un almíbar mal calculado me arruinara tres onzas de un gin caro frente a mis amigos. Ahí fue cuando decidí que el ritual del sábado necesitaba un poco más de arquitectura y menos improvisación a ciegas.

El salto de la mezcla a la arquitectura del sabor

A mediados de otoño empecé a sentir que mis tragos tenían un 'techo'. Siempre eran los mismos tres perfiles: cítrico, dulce o amargo. No entendía por qué algunas combinaciones funcionaban en el papel pero en mi boca se sentían como una pelea de bar. Me pasaba mucho con los vinos. Intentaba hacer algo con una botella de Tannat abierta y terminaba con una mezcla imbebible que iba directo a la bacha.

Esa frustración fue la que me llevó a buscar algo más serio. Quería entender la mixología no como una palabra pretenciosa, sino como el estudio de por qué el ácido corta el azúcar de tal manera. Ahí es donde un programa estructurado te cambia el juego. No es lo mismo mirar un video suelto de tres minutos que entender la lógica detrás de una familia de cócteles.

Aprendí, por ejemplo, que mi jigger de 1 oz y 2 oz no era solo una herramienta para no emborrachar a las visitas, sino la base de una proporción que tiene siglos de prueba y error. Empecé a mirar las recetas como estructuras. Si movés una pieza, se cae todo el edificio. Ese orden mental me sacó el miedo a equivocarme.

Jigger de metal sobre mesada de madera con detalles de uso cotidiano.

Por qué elegí un programa extenso a pesar de las dudas

Cuando busqué formación, me crucé con el Master en Coctelería y Mixología. Siendo sincera, dudé. Tenía apenas 4 reseñas públicas. Pero el rating era de 5.0 y el temario era tan largo que me dio curiosidad. A diferencia de otros cursos más cortos, este no se quedaba solo en 'cómo hacer un Negroni'. Se metía en variantes regionales y, lo que más me importaba, en el uso de vinos de mesa.

Para alguien que vive en Montevideo, donde el vino es parte del paisaje, tener módulos específicos sobre cómo acompañar tragos con botellas de 750 ml comunes y silvestres fue el punto de quiebre. A veces no quiero abrir un destilado de cuarenta grados un sábado a las siete de la tarde; a veces solo quiero darle una vuelta de tuerca a lo que tengo en la heladera.

Claro, no todo es color de rosa. El ritmo de los videos a veces cambia. Hay partes que se sienten un poco más rápidas que otras, como si el instructor tuviera apuro por llegar al siguiente trago. Pero para una aficionada como yo, que tiene el cuaderno apoyado entre la cafetera y la tabla de picar, esa densidad de información es justo lo que necesitaba para dejar de sentirme una impostora en mi propia cocina.

La trampa de la técnica: cuando saber demasiado te frena

Acá es donde me pongo un poco densa, pero es algo que noté hace un par de semanas. Existe un riesgo cuando uno se profesionaliza como entusiasta. Un máster te da las reglas de oro: cómo agarrar la cuchara, cuántos segundos agitar, qué temperatura exacta debe tener el vaso. Esas reglas están ahí por algo, pero si te descuidás, te roban la intuición.

Me encontré a mí misma dudando de ponerle una rodaja de pomelo a un trago porque 'el manual decía que iba limón'. Fue un momento raro. El máster puede llegar a estandarizar tanto tu proceso que terminás haciendo copias perfectas de tragos que podrías pedir en cualquier bar de Palermo Soho. Y el chiste de tener un bar en un departamento de dos ambientes en Pocitos es precisamente que el trago sea tuyo.

La técnica tiene que ser un andamio, no una jaula. El verdadero valor de estos cursos no es que aprendas a hacer el mejor Martini del mundo —que probablemente no te salga al primer intento—, sino que entiendas la química para poder romper las reglas con sentido. Si vas a hacer un desastre, que sea un desastre planificado.

Laptop mostrando curso de mixología junto a cuaderno de notas personal.

El cuaderno como bitácora de autoría

Desde que empecé con este estudio más formal, mi cuaderno cambió. Ya no anoto solo los ingredientes. Anoto por qué falló. 'Demasiada dilución por el hielo de la cubetera vieja', puse el sábado pasado. O 'el Tannat era demasiado joven para esta mezcla'. Esos detalles son los que te da la formación. Te da el lenguaje para hablar con tu propio error.

Si estás empezando de cero absoluto y te da un poco de vértigo un programa tan largo, yo siempre recomiendo mirar opciones más enfocadas. Por ejemplo, el Curso Coctelería de Autor Online fue el que más me marcó en cuanto a perderle el miedo a inventar. Tiene un módulo sobre cómo describir tu propio trago que me cambió la forma de escribir estas entradas.

Por otro lado, si sos de las que prefiere dominar las bases antes de volar, el Curso Coctelería Clásica Online es lo más sólido para arrancar. Es barato, va al grano y te enseña los pilares. A veces, antes de querer ser un mixólogo disruptivo, hay que saber por qué un Manhattan lleva lo que lleva. Podés leer más sobre esto en mi nota sobre por qué aprender coctelería clásica antes de inventar.

Una advertencia necesaria entre copas

Tengo que decir esto porque me parece importante: no tengo formación médica ni soy una profesional de la salud. Estudiar coctelería es fascinante, pero no deja de ser el estudio de sustancias que afectan al cuerpo. Si tenés alguna duda sobre el consumo de alcohol, tu sueño o cómo esto afecta tu salud, hablá con un médico. Este cuaderno es un diario de sabor, no una guía de bienestar.

Además, recordá que cada cuerpo es un mundo. Lo que a mí me parece un equilibrio perfecto un sábado a la noche, a vos te puede parecer demasiado fuerte o simplemente no gustarte. La experimentación es personal y siempre debe ser responsable. Yo misma he tenido que dejar de lado botellas enteras porque sentía que no era el momento para ese tipo de graduación.

Mano escribiendo notas sobre balance de sabores en un cuaderno de coctelería.

El domingo sigue su curso

El agua del mate ya está por hervir. El café frío terminó en la bacha y ahora el departamento huele a yerba y a ese aire salado que viene de la Rambla. Miro mi cuaderno y veo que para el próximo sábado tengo anotado probar una variante de un trago con vermut que vi en el último módulo del máster.

No sé si algún día voy a saber la diferencia exacta entre un Pinot Noir y un Tempranillo solo por la forma de la botella, pero al menos ya no me siento perdida cuando abro una. Esa es la verdadera ventaja de estudiar esto: la confianza de saber que, pase lo que pase, el sábado que viene voy a entender un poquito mejor qué es lo que estoy sirviendo en el vaso.

La cuchilla sigue ahí sobre la mesada, un poco mellada por el tomate de ayer. El cuaderno espera. El domingo recién empieza y todavía tengo que decidir qué botella voy a descorchar cuando baje el sol.

" ,
Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.

Artículos relacionados