Diario de Copas

Cómo identificar el cuerpo del vino para principiantes sin ser sommelier

Cómo identificar el cuerpo del vino para principiantes sin ser sommelier

Hay una mancha de café circular en la esquina derecha de mi cuaderno. Es de hoy. El agua del mate tardó más de lo habitual en hervir y me colgué mirando los restos del Malbec de anoche en la copa. El vino ya está seco, pero dejó una marca densa, casi como si fuera jarabe. Me acordé de cuando vivía en Palermo y pensaba que 'cuerpo' era una palabra que solo usaban los que tenían pines en la solapa y catas de mil pesos. Ahora, acá en Pocitos, con el ruido del primer auto pasando por la rambla, entiendo que es mucho más simple. Es una cuestión de peso, no de poesía.

La frustración de la etiqueta y el peso del aire

Durante años leí etiquetas que hablaban de 'cuerpo estructurado' o 'gran volumen'. Yo abría la botella y para mí todo sabía a vino. Algunos más ricos, otros que me daban dolor de cabeza a la media hora. Pero no entendía qué tenía que sentir en la lengua. Me sentía una fraude. Es como cuando me mandan un texto de UX para corregir y me dicen que tiene que ser 'disruptivo'. ¿Qué significa eso en la vida real? Nada.

En marzo pasado, una noche de esas donde el calor de Montevideo no te deja ni pensar, abrí un blanco que me resultó agua. Literalmente agua con un poco de alcohol. Ahí me cayó la ficha. No era que el vino fuera malo, es que no tenía peso. Empecé a anotar en el cuaderno: 'el cuerpo es lo que sobra cuando tragás'. Obviamente, no soy sommelier ni tengo un título colgado en la cocina, así que mis métodos son más de entrecasa.

Copa de vino vacía con sedimentos y cuaderno de notas sobre madera.

El experimento de la heladera: El truco de la leche

A principios de junio, cuando ya me había mudado del todo y mis clientes uruguayos me daban un poco más de aire, hice la prueba que me cambió la forma de tomar. Es la analogía de la leche. Si querés entender qué es el cuerpo del vino sin entrar en tecnicismos, pensá en los lácteos. Es un experimento táctil, no de sabor.

Cuando probás un vino, tenés que preguntarte eso: ¿esto se siente como agua o como algo que tiene densidad? La viscosidad es lo que estamos buscando. Una vez que hacés ese clic, dejás de buscar sabores a 'frutos del bosque' (que yo sigo sin encontrar) y empezás a sentir el peso del líquido. Es lo que me pasó con un Pinot Noir hace poco; era tan ligero que me hizo dudar. Si te pasa lo mismo, quizás te sirva leer sobre la diferencia entre pinot noir y tempranillo para aficionadas para ver cómo cambia esa sensación según la uva.

El spoiler que está en la etiqueta: El alcohol

Acá es donde entra la parte que me voló la cabeza. El cuerpo del vino no es un misterio de la naturaleza, es química básica. Resulta que el factor principal que determina ese peso es el alcohol. El alcohol es más denso que el agua en términos de sensación en boca, aunque su constante física sea de 0.789 g/cm³. Esa diferencia de densidad respecto al agua crea una resistencia en la lengua.

Aprendí a usar la graduación alcohólica como un spoiler del libro antes de comprarlo. Si la etiqueta dice menos de 12.5%, sé que me voy a encontrar con un cuerpo ligero. Esos son mis vinos de 'martes a la noche' cuando todavía tengo que terminar un reporte de métricas. Entre 12.5% y 13.5%, estamos en el cuerpo medio. Es el estándar, lo que suelo llevar si me invitan a comer y no quiero fallar. Podés ver más sobre esto en mi nota sobre cómo elegir vinos para una cena informal sin gastar demasiado dinero.

Pero si dice más de 13.5%, preparate. Eso es cuerpo pleno. Esos son los vinos que te obligan a sentarte. El alcohol genera algo llamado glicerol durante la fermentación, que es básicamente lo que le da esa textura sedosa que tanto nos gusta.

Detalle de graduación alcohólica en etiqueta de vino con condensación.

El mito de las lágrimas en la copa

Acá va mi opinión impopular, la que me hizo discutir con un conocido que se cree experto porque tiene una cava eléctrica. Olvidate de las lágrimas o 'piernas' que bajan por el cristal de la copa. Sí, son lindas. Sí, parece que el vino tiene 'piernas largas'. Pero no te dicen nada real sobre la calidad del cuerpo.

Su presencia solo indica que hay mucho alcohol o mucho azúcar, pero no revela la verdadera densidad ni el peso real que vas a sentir en la boca. He visto vinos con lágrimas eternas que después en la lengua se sentían vacíos, como un mensaje de texto de un ex a las tres de la mañana. No te guíes por lo visual; el cuerpo se siente con el tacto de la lengua, no con los ojos. Es una experiencia física, como cuando tocás una tela y sabés si es seda o poliéster.

Sábado de julio y el terciopelo líquido

Un sábado de julio particularmente frío, de esos donde el viento entra por las rendijas del balcón acá en Pocitos, descorché un Tannat uruguayo. Fue mi momento del 'clic' definitivo. Al primer sorbo, sentí una pesadez casi aceitosa cubriendo el centro de la lengua antes de tragar. No era solo sabor a uva fermentada. Era una estructura que se agarraba a las encías.

Me quedé mirando la botella y pensé: 'esto no es vino, es terciopelo líquido'. Comparé el grosor visual de las lágrimas, pero lo que realmente importaba era que el líquido se movía lento. Era un vino de 14.5% de alcohol. Una bomba. Pero en ese frío, era exactamente lo que necesitaba. Si tenés dudas sobre cuánto alcohol podés tolerar o cómo te afecta, consultá siempre con un profesional de la salud; yo solo te cuento cómo se siente en la lengua.

Vino tinto denso moviéndose en la copa sobre cuaderno de notas.

Cerrando el cuaderno

Hace un par de semanas empecé a notar que ya no me da miedo el estante de vinos del súper. Ya no elijo por la etiqueta más linda (bueno, a veces sí, soy diseñadora frustrada al final del día). Ahora busco ese numerito del porcentaje. Si el día está gris y necesito un abrazo, busco el 14%. Si estoy cocinando algo liviano y solo quiero algo que me acompañe, bajo al 12%.

El cuaderno se está llenando. La mancha de café de hoy ya se secó. Me gusta saber que el cuerpo del vino no es un secreto de logia, sino simplemente cuánto espacio ocupa el líquido en tu atención mientras lo tenés en la boca. Ahora el agua del mate ya está en su punto. El domingo puede empezar de verdad. Mañana lunes volveré a los textos de UX y a las pantallas, pero por ahora, me queda el recuerdo de ese peso sedoso en la lengua.

Nota: Para que quede claro: lo que lees aquí es mi propia perspectiva -- no es consejo profesional. Para temas de salud o dinero, pide siempre la opinión de un profesional que conozca de verdad tu situación.

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